TODO PUNTO QUE INICIE UN DIBUJO ES UN POSIBLE AGUJERO NEGRO O MANERAS DE AGOTAR LAS IMÁGENES SEGÚN RAÚL ARTILES (NOTAS).
Omar-Pascual Castillo.

1.
Contrario a lo que plantea la retórica sobre lo geométrico acerca de que un punto desplazado
en el espacio es una línea que crea una geometría específica, tras los avances de una deconstrucción de la imagen —que ha devenido del collage en ser abstracta o abstraída—, y por ende, por el desarrollo de un estilo de pensamiento pos-abstracción, así como con el auge y la decadencia del universo mass media de las imágenes (y los imaginarios), creo —ciertamente— que todo punto marcado en una planimetría, siempre que se marque para iniciar un dibujo, puede ser más que una geometría en potencia, un agujero negro en potencia...
El inicio/final de un todo. El punto de partida. El primer punto.

2.
Desde esta utopía devastadora como un tsunami que desborda la superficie de su topografía, Raúl Artiles, nacido en Las Palmas de Gran Canaria en el año 1985 y que actualmente reside en Múnich, Alemania, explora en el dibujo como un punto de explosión/implosión. Como si concibiese el «acto de dibujar» a modo de desafío desaforado que lo impulsa a desligarse de toda atadura referencial para concentrar allí en el soporte papel aquello que lo desborda a él como consumidor de imágenes, como devorador de imágenes; pero no cualquier consumidor de imágenes sino aquel que se queda estático contemplativo en el violento lapsus del tiempo que se estanca en el limite vidrioso de un huracán, en el peligroso vórtice de un tornado, o en la curva destructora de una ola.

3.
Como si deviniera en un creador post-apocalíptico que renuncia a ser integrado
por el sistema que Eco tanto anunciaba casi veinte an?os antes de que Raúl naciera, éste se niega a caer en la tentativa de ser absorbido por las imágenes, por eso las destruye en la parsimonia tremebunda del dibujante.

4.
Conocedor de que la velocidad que toma una imagen cuando es dibujada siempre es ralentizada; sabedor de que el dibujo quiebra el arco temporal de la parálisis de lo fotográfico,
y le an?ade un impasse ralentizado en el tiempo, un estado suspendido que va ma?s alla? de su para?lisis primigenia, porque el dibujo profundiza en la imagen, al rehacerla, trazo a trazo de su grafía (sea esta grafito, carboncillo o tinta).

5.
En cambio, Raúl Artiles simula que más que rehacer imágenes, las deshace.

6.
Como si su cabeza funcionara de la forma en que opera esa primera metáfora enunciada del «Agujero Negro» —punto inicial de todo acto dibujístico—, en su trabajo todo parece estar «recién aparecido» en esa membrana difusa que es la memoria.

7.
Un agujero negro tiene dos extremos, en uno un universo desaparece, se escapa para siempre
y transforma en la transportacio?n de su escapada, en el otro extremo, otro universo aparece, como recién nacido por primera vez, producto de la metamorfosis de su transportación. Es decir,su mutismo del viaje.

8.
Artiles esta apreciación cognitiva la domina como método, quizás, porque esta misma sensación la tienen o experimentan los que viven en las islas, siempre esperando la llegada de una imagen nueva más allá del mar, donde el todo flota o se hunde... «la maldita circunstancia del agua», diría Virgilio Pin?era, del islen?o siempre esperando una revelación o un misterio para desde ahí construir una nueva mitología.

9.
Por este sistema que desde la metáfora del viaje suspendido se torna conocimiento de base, gran parte del trabajo de Artiles se torna el registro de esta experiencia náufraga del islen?o. Como si el artista se comportase a semejanza de un «Ulises eterno» que escudrin?a en el mar de las imágenes, buscándose allí... donde no halla un paisaje, un cuerpo, un recuerdo donde se reconozca.

10.
Y mientras tanto, genera un abecedario de lo hallado, que luego almacena, dobla, pliega, envuelve, enmarca, encorseta, diluye en el espacio como agua/ seca (grafito-carbón quemado) que inscribe un rictus, una grafía, un drama.

11.
Configurándose desde ahí una «arqueología de la imagen», esta vez destructiva —literal— de la catástrofe, donde lo que se busca es un desconcierto, un desasosiego, un estado de orfandad en quien lo hurga. Donde la «imagen rota» de la destrucción (sea esta de modo bibliográfico documental o media?tico) des-narra, y se hace espacio simbólico puro, epatante estado de excepción donde la mirada vibra, late como sentido. Y abandona su condición de documento-no-sígnico de lo visual para hacerse sinestesia. La conjuncio?n del pánico hecho escalofrío.

12.
Evidentemente, más cerca del puertorriquen?o Gamaniel Rodríguez que del maestro belga Luc Tuymans, más próximo al impactante virtuosismo de Robert Longo que al legado doméstico narrativo de corto alcance de su generación. Más cercano de creadores como Alain Urrutia que desborda
la imagen en su montaje in situ partiéndola en cuantos pliegues el espacio expositivo le permite, que de Raúl Cordero y su conceptualizacio?n irónica del campus del Arte, o de la sobriedadmeta-discursiva e inter-linguística de Mark Tansey.

13.
En este sentido, Raúl es un laborioso creador (de un perfeccionismo estético inaudito) que desentierra fracasos, huellas fragmentarias (como casi toda huella) de una existencia fractal, dividida en mil partes que componen un caleidoscopio impreciso que enuncia desesperación, vacío y soledad. Dibujante de la soledad de quien constata la fragilidad de la existencia de una raza (el ser humano) sujeta de modo férreo a una circunstancia marcada por la violencia de una realidad que en imágenes se manifiesta tácita, cosa que ha pasado, dato histórico que podemos contrastar en la prensa, en los libros científicos de los estudios naturales, donde nuestras utopías pueden ser devastadas por la brutalidad de lo real.

14.
Como si con su arte tuviera conciencia de que lo que ejecuta es una revelación que pone en jaque «lo real», igual que un estado de crueldad, de absoluto despotismo —esta vez ilustrado—, pero no por la intolerancia majestuosa de un capricho aristocrático que impone su jerarquía arbitraria, sino por la fuerza natural de la arbitrariedad misma, donde nuestra precaria existencia con ínfulas de supremaci?a racial, es destronada.

15.
Como si el artista nos estuviera preguntando:
¿de qué nos vale?... para qué nos sirven estas imágenes u objetos representados, si «lo real» es «algo» más devastador con lo tenemos que convivir.

16.
Como si Raúl Artiles nos planteara la respuesta en la pregunta misma, respondiéndonos desde su arte, nos vale para dejar un registro, una huella, un signo que nos identifica como seres, frágiles, consumidores, fetichistas, flotantes y naufragados en nuestras fantasías, en nuestras falsas metas, capaces de construirse una memoria para sobrevivir a este mar desbordante que nos arrasará.
Y desde ahí, desde la conciencia de quien no tiene nada que perder, atraviesa el agujero negro que es su lenguaje mejor dominado (el dibujo, ese supuesto «arte menor») y crea un universo estremecedor y tembloroso anclado en la mirada como una apabullante nueva presencia de nuestra historia. La historia de los vivos, estos vivos flotantes en el espacio sideral, que aún, podemos decir que «estamos aquí». Y este aquíy este ahora, es lo que importa.